Existe una normalización preocupante dentro de la construcción industrial: asumir que los retrasos son inevitables. Muchos desarrolladores industriales y empresas manufactureras ya llegan a sus proyectos considerando "colchones" de tiempo porque, en el fondo, esperan que la constructora no entregue cuando prometió. Y lo más preocupante es que el mercado empezó a verlo como algo normal.
Durante años, en conversaciones con desarrolladores industriales, directores de planta y empresas manufactureras, he escuchado la misma frustración repetirse una y otra vez: "la obra iba bien… hasta que dejó de avanzar". Y casi siempre, cuando se analiza el origen real del problema, la causa no fue técnica. Fue financiera.
